domingo, 13 de enero de 2013



En aquella estancia
tan sola y tan tuya,
tan cerca y tan lejos,
me dejé a la debida prudencia
-a los caprichos del tiempo-,
y en la lejanía
te amé,
como el día ama
cuando empieza la noche
-entregada al espacio imposible-;
y en aquél día frío -de manos heladas-
de casi tanto
como el que sufre
el corazón embarrado
en el destierro,
se hubiesen deshecho
los témpanos –digo-
sólo con que tus párpados
hubiesen acariciado los míos.

Fotografía Klik Disparos.

1 comentario:

  1. Nada podemos contra los caprichos del tiempo pero si algo puede remendar heridas son palabras como las tuyas.

    Un saludo.

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